APORTES PARA MEJORAR LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN
Edgar Cadima G.
Mucha demagogia e improvisación para un tema tan
importante como es la educación.
Comenzaron con el diseño de una Ley, la Avelino
Siñani-Elizardo Pérez que tardó tres años en ser aprobada y dos más en intentar
ser implementada.
El año 2007, cuando el Sr. Felix Patzi era ministro de educación se
trabajaba en una estrategia de implementación “relámpago” de dicha reforma. Pensaban
aplicarla en todas las escuelas y colegios, en todos los cursos y asignaturas,
para que, luego de 6 años, se puedan evaluar los resultados. Esta estrategia nunca
prosperó porque no se disponían de los diseños curriculares, materiales ni
docentes capacitados.
El año 2008 el Ministerio de Educación pensaba introducir la reforma
educativa en 250 unidades educativas, pero nunca pudieron establecer la lista
definitiva de las mismas; cuantas del área rural o de las ciudades; si se
aplicaba a todos los cursos y todas las asignaturas, etc. La estrategia fue
abandonada, mientras la educación se debatía en la inercia de los años precedentes.
A fines del año 2011, desempolvaron un diseño curricular que fue
elaborado 4 años antes, con el apoyo de pseudo-sabios, pensando aplicarlo, a
partir del 2012, en los primeros cursos de primaria y secundario. El primer día
de clases y días posteriores se dieron cuenta que era imposible concretar, ya
que no tenían las condiciones materiales para ello, (no había materiales, ni
maestros capacitados). Ante esa evidencia, las autoridades señalaron que la
aplicación ya no sería en todos los primeros cursos y que se lo iba a aplicar
sólo con los maestros y maestras, de los primeros cursos, que deseen hacerlo.
Una improvisación total. Imagínense que en un mismo primer curso el maestro de
sociales aplicaba el nuevo currículo y el de matemáticas no.
A fines del año 2013 salieron con la idea de ampliar el horario escolar
a 7 horas de clases, pero, a pesar de lo positiva que podía ser esta medida, no
tenía otro fundamento que un discurso demagógico y pensaron que ese horario
ampliado era para dar más horas a materias técnicas, en desmedro de las
científicas, generando un caos administrativo y pedagógico. Esta decisión
también fue postergada y, ahora consideran que hay que impulsar la enseñanza
del inglés y nada se dice respecto a las matemáticas, lenguaje o ciencias
naturales y sociales.
Ante tantas marchas y retrocesos ahora se aplica un currículo
desorganizado, con textos que ofrecen las casas editoras y con maestros y
maestras superficialmente capacitados a través del PROFOCON.
Esta rápida radiografía nos da una idea de cómo se está manejando la
educación boliviana, de tumbo en tumbo,
entre demagogia e improvisación, en una “revolución educativa” que pocos
entienden, sin una propuesta seria y sin fundamentos pedagógicos, psicológicos
y sociológicos.
La educación de nuestros niños y jóvenes es un asunto serio; de su
sólida formación depende el futuro de nuestro país. Pretender avanzar mirando o añorando el pasado, sin
visión de futuro y con miedo al mundo exterior es bloquear, de forma mezquina,
las esperanzas, aspiraciones y necesidades de nuestra población en la búsqueda
de un mejor futuro para sus hijos e hijas y para el país.
Requerimos construir
un sistema educativo que permita la apropiación y el aporte del conocimiento
nacional y universal, el acceso a la información y al dominio tecnológico. Una
educación que permita formar a las/los y ciudadanos bolivianos con
conocimientos adecuados y pertinentes para comprender su realidad y resolver
sus problemas; una formación con valores éticos, compromiso y mística para
asumir sus responsabilidades y con espíritu amplio para desarrollar su
identidad sin negar o aislarse del contexto globalizado en el que vivimos. En
esa perspectiva será necesario pensar en un:
Acuerdo Nacional por la calidad de la educación
Un profundo y
sostenido proceso de transformación educativa requiere, además de los criterios
de las autoridades educativas, de la participación de los maestros,
estudiantes, padres de familia y sociedad en general. Para ello será necesario
trabajar en un Pacto social o Acuerdo Nacional por la calidad de la educación
boliviana, con una visión estratégica, que establezca políticas
de Estado en materia educativa. Un acuerdo que permita salir de la
mediocridad y de posiciones irreductibles actuales, buscando equilibrar lo
posible con lo necesario y lo urgente con lo importante, centrando los
esfuerzos, entre otros, en los siguientes aspectos:
1. El rol del
Estado
En el marco de lo
que establece la Constitución Política del Estado, es necesario superar el
centralismo actual e implementar las competencias establecidas, en todos los
niveles autonómicos de la administración estatal.
El Estado debe asignar,
al menos, un 15 % del PIB para poder llevar adelante este proceso de
transformación educativa, en el marco de un pacto fiscal y
presupuestos plurianuales.
El Estado, en sus
diferentes niveles nacional, departamental y municipal, debe establecer una
política de becas tanto a la excelencia
(a los mejores estudiantes) como a quienes no tienen posibilidades económicas
para seguir sus estudios, en función de sus resultados, en todos los niveles,
incluido el universitario. Bajo esta lógica, el Estado debe brindar las
mejores condiciones e igualdad de oportunidades a los/las estudiantes y estos la única responsabilidad que deberían
tener es la de estudiar.
El Estado debe
brindar apoyo educativo que, más allá de un bono anual o el desayuno escolar,
debería tener una visión más global de becas, materiales didácticos,
condiciones de estudio y de una fuerte apuesta a la informatización de los
procesos de aprendizaje.
De igual manera,
será necesario pensar en un sistema de transporte escolar municipal tanto en el
área urbana como rural y, a nivel de
salud, apoyar a los/las estudiantes con el acceso gratuito a los servicios de salud
primaria en todos los hospitales y centros de salud del país.
El Estado debería
conformar una Comisión Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, con
carácter descentralizado, que haga seguimiento al desarrollo científico y
tecnológico del país, a nivel estatal y privado.
2. Un servicio
educativo de calidad
La calidad no es algo
accidental o resultado del azar, sino resultado del esfuerzo e inteligencia de
quienes la llevan a cabo. Para eliminar
la mediocridad educativa actual es fundamental impulsar una profunda revolución
educativa de calidad, que comprenda todos los factores de la educación
(calidad docente, calidad de aprendizajes, materiales, infraestructura, diseños
curriculares, etc.) y se exprese en una ciudadanía sólidamente formada, con
identidad boliviana y capacidad de aportar al desarrollo económico, social y
cultural de nuestro país.
La calidad educativa
a la que debemos aspirar debe ser objetivamente demostrable a través de
diferentes pruebas de conocimiento y desempeño tanto a nivel nacional como
internacional.
3. Reforma
curricular
El currículo,
entendido como el conjunto de competencias básicas, contenidos, metodologías y
criterios de evaluación, debidamente planificados, es el mecanismo a través del
cual se concreta la educación. De forma particular y, solamente, refiriéndonos
a las asignaturas, no podemos seguir aplicándolas, sin orden ni concierto, de
forma desordenada, todos los días por todos los estudiantes, pretendiendo, de
esta manera, brindar una educación enciclopédica, pseudo-humanista, picoteando
de todo y sin ningún nivel de profundidad.
Es necesario modificar la estructura curricular
(cantidad y distribución de asignaturas), estableciendo dos currículos. Un currículum fundamental, común y obligatorio
que permita aprender a aprender
y desarrollar un espíritu
investigativo e innovador, con las asignaturas de matemáticas; ciencias
naturales (geografía, física, química biología, según corresponda); ciencias sociales
(historia, psicología); comunicación y lenguas (lenguaje y comunicación,
literatura, lenguas) y Ética y valores/filosofía y, de forma paralela o
separada un currículum complementario, conformado por: Estudios técnicos; Artes
(musicales, plásticas, escénicas, danzas, etc.); Educación física y deportes;
Religión; y, otros idiomas.
En el currículum
fundamental, Informática no debería ser una signatura si no el instrumento
(medio) transversal para avanzar los contenidos escolares. Las aulas deberían
contar con equipos tecnológicos (pizarras interactivas) y todo debe estar
enmarcado en las TICs; con una computadora, para cada estudiante, conectada al
internet para investigar y exponer temáticas del contenido curricular con la
guía o apoyo de los maestros.
Los establecimientos
educativos de primaria y secundaria sólo deberían desarrollar el currículum
fundamental, durante toda la mañana o toda la tarde. En razón a que se
dispondría de mayor tiempo, no deberían darse tareas para la casa. Las escuelas
primaria y secundaria que implementan el currículo fundamental deberían ser
entendidas como centros de alto rendimiento educativo, con exigencias de
estudio que permitan el acceso a niveles superiores de formación.
El currículum
complementario debería implementarse a través de Centros de Desarrollo
Complementario, separados de la escuela, en turnos de mañana o tarde y en los
que se desarrollen contenidos con mayor grado de profundidad que ahora. La
asignatura de estudios técnicos debería comprender aspectos de formación
técnica vocacional y nivel medio.
Esta separación
permitiría dignificar a estas asignaturas y darles un desarrollo curricular más
amplio y enriquecedor. Los/las estudiantes no deberían asistir a todas las
asignaturas del currículum complementario si no a un mínimo de tres, donde,
estudios técnicos, sea obligatorio y las otras dos optativas, en función de su
vocación o aptitud, tres días por semana, como mínimo. Las notas obtenidas en
estos CDC, serían independientes, por tanto no deberían afectar la promoción de
las asignaturas del currículum fundamental y no debería existir reprobación ya
que son consideradas vocacionales.
4. Estructura
educativa
La actual
estructura, fundamentalmente humanística y orientada a los estudios superiores
universitarios debiera ser objeto de un replanteo que permita el
fortalecimiento de alternativas para la formación técnica en el país.
5. Formación y
práctica docente
Estamos conscientes
que la formación de las/los maestros debe mejorar. El nivel de licenciatura que
logren debe ser de alta calidad. Los centros de formación de maestros deben ser
acreditados internacionalmente y
deberían contar con catedráticos titulados de nivel universitario (post-grados)
y donde los futuros maestros no sean los rechazados de otros centros de estudio
superior sino los mejor cualificados
para darle prestigio y calidad al rol docente.
La formación docente
debe comprender procesos metodológicos del aprendizaje por la vía informática
(e-learning), TICs, paquetes educativos, elaboración de lecciones por internet,
etc. y no simplemente a manejar algunos paquetes prediseñados.
Se debe dignificar
la función docente con sueldos dignos y otros beneficios sociales y académicos.
Los maestros deben ser, periódicamente, evaluados por su rendimiento,
innovación académica, creatividad de sus estudiantes y no simplemente por
antigüedad o por evaluaciones de ascenso de dudosa aplicación.
Y, si queremos
avanzar, debemos tener la valentía de modificar, profundamente, el escalafón
docente. La antigüedad no puede ser uno de los principales componentes para el
ascenso de categoría laboral.
Innegablemente,
existen muchos otros aspectos a señalar y ajustar en la educación boliviana (la
educación intercultural que tiene buen avance pero que requiere profundizar,
los materiales educativos, la infraestructura, el modelo pedagógico, la
relación de la teoría-práctica con la investigación, la educación superior, las
modalidades de la formación técnica, duplicar o triplicar el presupuesto
asignado, etc.) pero considero que los puntos arriba desarrollados permiten
tener un marco para avanzar en un proceso de cambio sostenido por la calidad de
la educación boliviana.
La
Paz, abril 2014
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